Es agotador esforzarse en construir una identidad visual reconocible para que una persona, sin mayor consideración, te use como su Pinterest personal y no tenga el raciocinio —o la vergüenza— suficiente para asumir que no está bien. Que no, que no es «parecido», es idéntico. Hay gente que adopta ideas que están en tendencia, les impregna su esencia y termina convirtiéndolas en algo completamente distinto de aquello que las inspiró.
Y luego está la gente que no respeta la creatividad ajena, que toma el trabajo de otros y lo reproduce como si la originalidad consistiera únicamente en cambiar dos detalles y hacerlo pasar por propio. Qué despropósito llamar a eso «creatividad».